Decoración, Destacado, Inspiración

WABI-SABI.

14 octubre, 2016

Hace ya unas semanas que hice una referencia a esta filosofía japonesa en mi cuenta de Instagram y, como parece ser que el tema os interesó, he decidido ampliarlo un poquito en el blog porque me parece interesante. Japón es un país tan rico, culturalmente hablando, que es imposible no sentirse atraído por él y dejarse envolver por su sabiduría milenaria en la que prima el cuidado de la mente sobre el cuerpo para que ambos consigan, de esta forma, el equilibrio perfecto.

No hay una definición de lo que Wabi-Sabi significa, ni siquiera en su país de origen -Japón-, poco dados ya de por sí a definir corrientes artísticas, sentimientos o estados para evitar encasillar en una palabra todo lo que esas sensaciones puedan aportar cuando se sienten, sin embargo, nosotros los occidentales siempre tendentes a lo contrario hemos definido esta especie de filosofía como la belleza de lo imperfecto, lo inacabado o lo defectuoso.

Viviendo en un mundo en el que la belleza exterior y el culto al cuerpo son dos de los paradigmas sobre los que prácticamente se asienta nuestra civilización actual, el concepto de Wabi- Sabi en cuanto se refiere a todo lo contrario no deja de ser chocante e, incluso, en ciertos casos, es hasta rechazable porque, ¿quién no desea un cuerpo perfecto o un pelo perfecto o un estilo único o una elegancia innata que consiga girar cabezas a su paso, en lugar de ser una persona anónima más, con defectos y virtudes como cualquier común mortal? 

Wabi-Sabi no significa que nos abandonemos a nuestra propia imperfección, que no nos cuidemos o que no potenciemos aquéllo que es bonito sino más bien esta filosofía lo que trata es que aceptemos lo que no es perfecto en nosotros y en nuestras vidas y en lugar de rebelarnos contra ello (lo que acaba por producir estados de ansiedad e incluso depresivos), lo abracemos, lo aceptemos y continuemos con nuestra vida sabiendo que ser conscientes de esa imperfección evitará nuestra infelicidad y nos dará calma y seguridad ante ella.

Esta filosofía o modo de vida siempre me ha parecido muy interesante porque en lugar de buscar un consuelo externo a esa infelicidad que nos produce la imperfección, hace todo lo contrario, trata de que seamos nosotros mismos los que encontremos ese consuelo y esa tranquilidad en nuestro interior de forma que nos convirtamos en personas más fuertes y más conocedoras de sus propios virtudes y defectos, venerando la autenticidad por encima de todo y aceptando los ciclos naturales de la vida (nacimiento y muerte) como parte de nuestra vida cotidiana sin exagerarlos y sin llevarlos a los extremos.

El Wabi-Sabi está presente en numerosas artes japonesas, como la alfarería, la ceremonia del té, el Ikebana, la jardinería o la poesía haiku, que consiste en un poema breve de tres versos en los que sintetizar sentimientos de forma que al leer esas tres frases una multitud de conceptos e ideas se paseen por nuestro cerebro y no le dejen indiferente. Otra disciplina que se ha rendido al efecto del Wabi-Sabi es el diseño en decoración, de tal forma que la creación de muebles en serie y con total uniformidad se aleje de esta filosofía que trata de volver a lo artesanal, a los conceptos básicos, a la mano de obra delicada, a romper la unidad.

También incluso podría hablarse de una alimentación Wabi-Sabi, es decir, de una comida que valora lo cercano, lo que se cultiva en nuestro entorno pero sin dejar de atender a todas las posibilidades interesantes  y positivas de productos que no son de nuestro medio…. es decir, no cerrarse en banda, probar, atreverse y tomar una decisión acerca de por qué algo nos gusta y por qué lo consumimos pero de forma consciente sin dejarse llevar por modas o por hábitos.

El Wabi-Sabi nos reconcilia con la incertidumbre, el miedo, el paso del tiempo, el fracaso, o el hecho de que no siempre hay respuestas; pero que también se puede vivir entre todas estas cosas y llegar incluso a disfrutar de ellas sin estar contínuamente tratando de llegar a conclusiones o buscando porqués, por eso -y sé que nos puede resultar inconcebible- los japoneses celebran las grietas, las astillas y las marcas del tiempo debido al clima o al uso de cualquier objeto y que cuando éste ha sufrido un daño no hay que deshacerse de él porque esa rotura implica una historia, lo que lo convierte en algo más bonito e importante de lo que era en un principio de tal forma que esas roturas e imperfecciones se reparan pero no para que no se vean sino todo lo contrario ya que se utiliza polvo dorado para rellenar esas grietas o unir esos pedazos, acentuando esas marcas que son prueba de la fragilidad de las cosas  pero también de la resiliencia, la capacidad para sobrevivir, recuperarse y hacerse más fuerte. A esta técnica se la denomina Kintsukuroi (en japonés, reparación de oro) o Kintsugi (en japonés, carpintería de oro) y se remonta al siglo XV.

En palabras de Richard L. Powell, uno de los autores estudiosos de esta filosofía de vida, el Wabi-Sabi puede explicarse como la disciplina que cultiva todo lo que es auténtico, reconociendo que nada dura, nada está completo y nada es perfecto….. Quizá si todos fuésemos un poco más capaces de aceptar estas tres ideas tan fáciles pero tan complejas a la vez, nuestras vidas serían mucho más sencillas y simples y nos olvidaríamos de absurdeces que lo único que consiguen es hacernos esclavos de una imagen, de un estilo de vida o hasta de una forma de pensar…..

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1 Comentario

  • Reply Eva Rogado 19 octubre, 2016 at 10:05 pm

    Me ha encantado tu post. No había oído hablar de esta “filosofía” y es sencillamente perfecta!. Me alucinan las fotos, son geniales.

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