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VACACIONES EN FRANCIA VI. LA GACILLY Y LOURDES.

20 noviembre, 2015

La Gacilly es una pequeña localidad en el interior de la Bretaña, rodeada de multitud de flores y un paisaje casi de cuento que es internacionalmente conocida por ser la sede social del grupo Yves Rocher, cuyo fundador nació aquí y su huella está patente en prácticamente todos los rincones de este precioso pueblo, ya sea en su elegante restaurante al aire libre, en su tienda, en las exposiciones de fotografía, en los jardines…

Durante los meses de verano, tiene lugar un importante festival de fotografía en el que reconocidos fotógrafos presentan sus trabajos con una temática centrada en la Naturaleza y el discurrir de la vida en los pueblos y ciudades. Las fotografías se distribuyen a lo largo de las calles de La Gacilly, convirtiendo a este lugar es una especie de improvisada exposición fotográfica al aire libre. Me gustaron especialmente, tres fotografías tomadas en España; una de ellas en Sevilla y las dos restantes en Valencia y que mostraban la vida de la época en España … eran tan bonitas y mostraban tal sentimiento que me detuve a contemplarlas durante un buen rato.

La Gacilly está repleta de talleres de artesanos, de hortensias, de heladerías y pastelerías, de esos típicos lugares franceses en los que apetece sentarse a, simplemente, contemplar el mundo pasar….

Sin duda, es un lugar tan bonito, con unas flores tan maravillosasy un jardín tan especial -cortesía de la Fundación Yves Rocher- que bien merece la pena su visita.

Lourdes es un lugar que es imposible que deje indiferente a quien lo visita.

Es un lugar, también difícil de definir. La parte externa al Santuario es tremendamente comercial; llena de tiendas repletas de recuerdos de Lourdes, de rosarios, de estampas, de imágenes…. diría que, incluso, termina por ser agobiante… Resulta increíble que en un espacio tan reducido quepan tantísimos comercios sin orden ni concierto, ofreciendo absolutamente lo mismo.

Sin embargo, el Santuario es un lugar tan bonito, tan lleno de paz, tan especial que es imposible que alguien se vaya de allí sin que le toque el corazón.

Supongo, que como ocurre en todos los lugares dedicados al culto católico, nos podemos quedar con la parte más evidente, es decir, la magnitud del Santuario, las pinturas, las imágenes, el gran movimiento de gente que se genera a su alrededor, la verdad o no de lo ocurrido…. pero yo, sin embargo, trato siempre de ver más allá en los lugares que visito. Y, mucho más en Lourdes.

Me emocioné en varias ocasiones y no me cuesta reconocerlo. Me emocioné hasta el punto de sentirme tan privilegiada por mi vida, por tener salud, por sentirme querida, porque las cosas importantes no me faltan y porque, cada día que me levanto, la esperanza va conmigo -aunque a veces crea que no es así-. El hecho de ver a tantos enfermos, llevados en sus carritos, por tantísimos voluntarios de multitud de países, te hacer sentir agradecida por poder vivir, simplemente. Contemplar como la fe de las personas es algo vivo y en continua expansión es otra sensación a destacar… porque la gruta de Lourdes invita a la oración, al recogimiento, a hacer un poco recuento de la vida, a ser agradecido -si uno tiene que serlo- o a pedir, si hay que hacerlo. 

Me llevo de Lourdes un recuerdo precioso. Es curioso como, a imagen de Fátima, los lugares mas insospechados se convierten en importantes antorchas de fe… una fe con la que, estemos de acuerdo o no, la profesemos o no, es motivo de respeto porque, ¿cómo no respetar a un enfermo en cama -sí, en cama- de ruedas, que apenas puede moverse y hablar, que se acerca a esa gruta sólo para contemplar a la Virgen y sus lágrimas comienzan a derramarse por su cara, ya sea de emoción, de tristeza o de alegría? ¿Quiénes somos cada uno de nosotros para poner en duda y burlarnos de una persona así?

Ir a Lourdes me ha hecho respetar más intensamente no solamente mi fe sino también el estilo de vida que tenemos en Occidente. Un estilo de vida en el que sanos y enfermos, mujeres y hombres, niños y abuelos viven en paz, en armonía, por encima de desigualdades, por encima de cuentas corrientes, por encima de puntos de vista diferentes….

Eso ha sido Lourdes para mí. Una pequeña cura de humildad que siempre me recuerda que soy una privilegiada en este mundo plagado de personas sin un rumbo definido, de personas con corazones rotos incapaces de encontrar un remedio para solucionarlo, de personas con enfermedades tan serias y que son capaces de llevarlas con una sonrisa, de padres y madres con hijos muy enfermos y, sin embargo, siguen adelante, con ganas de vivir, de enfrentarse a los nuevos retos que tendrán por delante.

Lourdes me ha dado esperanza. Me ha enseñado que quien allí se acerca nunca, nunca, nunca, vuelve tal y como llegó. Y si eso, y no el agua, no es milagroso, ya me diréis que es….

Visita obligada. Sin duda.

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1 Comentario

  • Reply MARIA GRACIELA 13 junio, 2016 at 5:59 pm

    Comparto exactamente lo leido en esta pagina acerca de Lourdes como tambien de Fatima porque son experiencias imborrables de paz, de fe y de comprender al que sufre. Espero en algun momento visitar La Gacilly que se encuentra ya mas al norte de los lugares que tenido la fortuna de conocer en France.

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