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VACACIONES EN FRANCIA III. MONT SAINT MICHEL.

8 octubre, 2015

El Monte Saint Michel está clasificado como Patrimonio Mundial de la Unesco y es el tercer lugar más visitado de Francia (con alrededor de 3,5 millones de visitantes por año) por detrás de la Torre Eiffel y el Palacio de Versalles.

Está situado en La Mancha, en la región de la Baja Normandía y es, desde mi punto de vista, uno de los lugares más bellos e impresionantes en los que he estado. Llamado por Victor Hugo “La Marveille” (la maravilla), no es de extrañar que  todos quienes lo hemos visitado no nos cansemos de admirar este lugar. No es sólo la Abadía en sí misma (construída en fases diferentes a partir de que el obispo Auvert escuchara la llamada del Arcángel Miguel para que erigiera una iglesia en su nombre, en la que con posterioridad se instaló una comunidad benedictina hasta que en el siglo XIII se levantó el conjunto gótico del Monte Saint Michel tal y como hoy lo conocemos), sino la sensación que ese lugar produce en el interior de todo aquel que lo visita y que penetra mucho más que una simple iglesia o unas vistas bonitas. Quizá sea la inmensidad del peñasco o la magnitud de las mareas que lo convierten en una isla o lo unen de nuevo a la tierra “tan rápido como el galope de caballo” (como dicen los franceses “qu’elle revient à la vitesse d’un cheval au galop”) o esa luz que todo lo envuelve y que convierte en imposible dejar de mirar el horizonte porque las nubes, los rayos de sol y el color de ese azul de cielo transforman lo nimio en trascendental.

Se mire desde donde se mire y, a pesar de colas kilométricas, de precios desorbitados, de personas que deambulan como puros sonámbulos en busca de la mejor foto que llevarse a casa, nada importa en el Monte Saint Michel salvo lo que los propios sentidos transmiten a nuestro cerebro a través de esa sensación de grandiosidad indescriptible…

Es el lugar perfecto para dejarse llevar por el corazón, cerrar los ojos y descubrirse a uno mismo capaz de derramar lágrimas ante la emoción de contemplar tanta belleza a su alrededor…. Y soñar…. para conservar ese sentimiento tan inexplicable pero que todos, tras ir dejando a nuestra espalda el monte, nunca olvidaremos.

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