Destacado, Inspiración

REALIDADES.

3 febrero, 2016

Supongo que uno nunca lo sabe hasta que le sucede.

Supongo que uno no se plantea nunca en qué momento pasó de ser alguien despreocupado y sin obligaciones a alguien con mil cosas en la cabeza, una casa, un coche de cinco puertas, una cristalería de más de cien años y una vajilla de coleccionista, dos armarios empotrados llenos de bolsos y zapatos de ella y tan solo un cajón para mis cinturones, tres de mis jerséis y cinco camisetas que me he ido comprando de viaje en viaje y con las que solía salir a ligar los viernes noche…
Supongo que uno no puede ver cómo ha cambiado su vida hasta que verdaderamente lo ha hecho y no queda ni margen de maniobra para dar marcha atrás ni, menos aún, se lo plantea…. porque, ¿qué haría yo ahora con un ropero siete veces más grande de lo que yo necesito?, ¿cómo podría dejar de acoplarme a su cuerpo en mi cama y no acariciar su pelo ensortijado a través de las sábanas?, ¿a quién le prepararía esos desayunos de fin de semana en pleno mediodía?, ¿cómo soportaría vivir en la incertidumbre de descubrir la diferencia entre los miles de tonos que existen en tan sólo un color y que ella enumera sin apenas dudar?
No. No podría.
Ya no querría. Ya no sabría. Ya ni siquiera sería capaz.
Porque, a pesar de que sé que ella ha revuelto mi vida, le ha dado la vuelta como un calcetín, ha tomado por asalto mis vacíos y los ha llenado de perfumes y de presencia, ya nada, ni en mi vida ni en mi casa ni en mi cuerpo ni, mucho menos, en mi pensamiento, podrían sustituirla.
Porque ella ya no es ella ni yo soy yo mismo.
Porque ambos nos hemos vuelto uno…. de aquí a la eternidad….


(esbozos de historias pendientes de desarrollar… de esas que 2016 ha venido regalándome desde que comenzó).
Para Fran. Mi norte, mi sur, mis ganas de reír y de abrazar, mis silencios y mis ideas, mis noches de insomnio y mis secretos, mis dudas y, sobretodo, mis certezas. Te quiero. Todo.

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