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CUANDO ERAMOS JOVENES.

3 febrero, 2016

No resulta fácil traspasar la puerta de algunos recuerdos, meterse en su piel, bucear en ellos, preguntarse por qué o por que no, qué falló, en qué me equivoqué, que hice mal, que dije o no dije, por qué la eternidad se rompió en dos cuando menos lo esperábamos o por qué lo que creímos sincero resultó tener miles de pequeñas grietas que terminaron por destrozar los escombros que aún quedaban en pie.

No resulta fácil ver como a medida que el tiempo pasa y hace mella en nuestra piel y en nuestro espíritu tratamos de encontrar explicaciones inexplicables que carecen de respuesta… Explicaciones inútiles que no curan, que tan sólo nos recuerdan quiénes fuimos una vez y en quiénes nos hemos convertido: extraños incapaces de mirarse a los ojos ni tan siquiera para sonreírse.

La vida tiene estas casualidades misteriosas… imprevistos que nos atacan por la espalda, que nos obligan a enfrentarnos a lo que no quisimos o no supimos o no pudimos y que, ahora, ya no tiene vuelta atrás.
Cuando éramos jóvenes, sin responsabilidades, sin horarios, reíamos juntos… hoy, tras nuestras fachadas serias de hombres y mujeres responsables, con un futuro prometedor, con dos coches, varias corbatas colgadas en el armario, unos cuantos zapatos italianos, bolsos de firma, viajes programados y cenas en restaurantes caros, echo de menos brindar contigo en una playa perdida, pasar a buscarte en aquel coche de segunda mano sin calefacción y sentarnos a contemplar el anochecer de finales de Septiembre tumbados en las dunas de Salinas.

Me pregunto si solamente te recuerdo yo…

(-apuntes sin acabar de una carpeta antigua-)

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