Destacado, Inspiración

BAILANDO…… HASTA QUE VENGAN A LIMPIAR.

28 noviembre, 2017

Comienzo a escribir como quién se lanza a una piscina desde el trampolín de mayor altura después de un accidente: de reojo e, incluso, con algo de miedo. Escribo siguiendo mi propio método: música clásica, a poder ser Beethoven, en especial las sinfonías No. 7 y No. 9, los pies descalzos sobre una alfombra mullida y siempre cerca de mi ventana favorita desde la que, alzando la vista, contemplo la montaña y a un par de niños saltando y riendo felices sobre un artilugio formado por cuatro palos escasos y una goma, el cual debe ser de lo más divertido porque incluso yo, posiblemente la persona que más deteste los deportes en la tierra, me siento tentada de acercarme y saltar un rato con ellos, gritar hasta lograr expulsar mis miedos y temores y no dejar de reír a carcajadas tal y como ellos hacen.

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Escribir es fácil. Escribir bien no lo es. Como cualquier disciplina importante de la vida requiere estudio, un cierto orden y no sirve únicamente con tener unas posibles dotes innatas para ello. Recuerdo, en este sentido, a Elisa, mi profesora de Latín, posiblemente una de las personas más cultas que he tenido la suerte de conocer y de la que he aprendido tantas y tantas cosas; me encantaba sentarme a su lado y escucharle hablar sobre Historia, Literatura, Latín y Griego. Fue ella, sin duda, la que me introdujo en el placer de conocer las Lenguas Clásicas, de desenmarañar el puzzle de Catilinarias y Eneidas con tan sólo la ayuda de un diccionario, sin pintarrejear cada uno de esos libros que, a día de hoy, guardo como oro en paño y que me han ayudado a entender no sólo el origen de la civilización a la que pertenezco sino también a valorarla y a identificarme con ella.

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Sin duda, soy una mujer de Letras, con todo lo que ello pueda abarcar: Literatura, Música, Arte, Filosofía, Historia, Viajes y un sinfín inabarcable de etcéteras. La Gastronomía, en general, y la cocina, en particular, son uno de mis grandes placeres, y no concibo entender un plato sin saber ligeramente como ha sido posible llegar hasta él. Tristemente, el mundo gastronómico actual está lleno de gastrónomos que no saben hacer la “o” con un canuto, cuyo único valor a tener en consideración es la crítica gratuíta por el simple hecho de hacerla, sin tener en cuenta que, tras cada plato, hay un esfuerzo y una dedicación dificil de cuantificar y evaluar para aquéllas personas que tan sólo disfrutamos de la comida como un hobbie y una diversión y no como un trabajo en sí mismo. La mediocridad campa a sus anchas en nuestros días y las redes sociales son la pólvora perfecta para encender este tipo de mecha: viralidad, inmediatez y, sobretodo, presencia, las convierten en un arma de doble filo que conviene utilizar con mucho cuidado y sensatez.

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También es importante poseer ciertas dosis de humildad, la que deberían tener ciertos cocineros -que no cocinillas, que también, puesto que hay blogueros dedicados a este mundillo que esperan una alfombra roja allá por donde pasen-, los cuáles se creen tocados por la varita mágica de un dios y, en realidad, son igual de mortales que el resto. A algunos de ellos, les sugeriría también prudencia. Todo se ha inventado ya. Todo ha pasado de moda y todo ha vuelto a serlo de nuevo, sin embargo, cosas como la buena educación, la buena atención, el rigor y la cercanía son valores que nunca pasarán de moda. La modestia -que no la falsa modestia- es un condimento que nunca debe faltar en nuestra despensa pero que, a más de uno, en su cocina, debe habérsele terminado a tenor de las cosas que dice y como las dice. Para ser un gurú en cualquier disciplina no sólo hay que serlo sino también hay que parecerlo y, para parecerlo, no sólo deben tenerse las cosas muy claras sino saber también que el cielo está sobre nuestras cabezas y la tierra sobre nuestros pies. Que lo que hoy se encumbra, mañana ya no estará en lo alto y así sucesivamente, al igual que ha sucedido a lo largo de cualquier período histórico, en el que las fases y los cambios son producto de una evolución progresiva paralela al propio desarrollo de la sociedad. 

Conviene que -todos- cambiemos un poco el chip, rebajemos el tono, dejemos de creer que nuestra región es el origen de la gastronomía mundial y que cualquier persona, nativa o forastera, tenga la innata obligación de saber como se prepara una fabada, un cachopo, un arroz con leche o cualquier otro manjar de nuestra cocina. Hemos confundido por completo los conceptos “gozar” y “disfrutar” con “criticar” y “enjuiciar”. Para eso ya hay otras personas encargadas de ello. Y posiblemente ninguna de ellas esté leyendo mis palabras ahora mismo. Así que, vamos a dejarnos de ir de estrellas, vamos a dejarnos de ir de lo que no somos y vamos a intentar hacer las cosas bien, cada uno sabiendo cual es su puesto, sin intentar usurpar el de nadie, que es lo que últimamente se está viendo, además, sin ningún tipo de vergüenza ni decoro. 


Si tuviese que escoger una actividad favorita por encima de cualquiera, sin duda, escogería viajar. Pero puntualizo. Viajar con libros. Viajar a dónde sé que viajo. Viajar no por el simple hecho de viajar sino viajar queriendo viajar. Viajar para desarrollarme, para ampliar mis conocimientos y para sentirme más libre intelectualmente dentro de mi pequeñez, de forma que puedo viajar a la Patagonia y no sentir absolutamente nada y coger mi coche hasta La Coruña y disfrutar de unos días maravillosos. Últimamente, tengo la nefasta sensación que las personas viajan no por placer, no, sino como muestra de un estatus de vida -al igual que se hace acudiendo a ciertos restaurantes- creyendo que ese juego de fotografías, poses y demás simulaciones efímeras les dará un lugar privilegiado o especial en la vida que viven, imagino, llena de carencias y valores.

No voy a ser yo quién se atreva a dar lecciones de vida pero viajar no es una fotografía. Tampoco es solamente una fotografía bonita. Viajar, a veces, es una fotografía borrosa de nuestra vida que nos interpela constantemente, que nos obliga a pensar y reflexionar, que nos emociona ante la majestuosidad del lugar en el que nos encontramos y nos enseña que, más allá de nuestras pequeñas fronteras, hay todo un mundo por conocer y descubrir que no tiene por qué ser ni perfecto ni mágico ni impecable porque el mundo es así: incoherente, incorrecto, sucio, molesto, con grietas…. y, a veces, sólo en nuestro propio ghetto logramos que parezca un poco mejor. El mundo no es una fiesta, no es un vestido bonito, no es un peinado ni un maquillaje que no necesiten retoques porque el mundo es vida y la vida, aunque nos esforcemos, aunque lo intentemos, siempre tiene algún doblez inesperado al que hay que hacer frente sin miedo a lo que nos encontraremos detrás.

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Siempre he pensado que escribir es un ejercicio de honestidad, tanto con el lector como con uno mismo. Escribir es como una pequeña flor que se planta en un campo o en una maceta; a veces se riega y florece bonita y, otras veces, incluso poniendo todo el esfuerzo, o no florece o lo hace acompañada de hierbajos que cuesta mucho arrancar e, incluso, de insectos que acaban por matar a esa flor. Por eso hay que ser honesto con uno mismo. Conocer nuestros propios límites. Marcarse metas pero no imposibles y, sobretodo, no sucumbir ante palabras de pastel ni palmadas en la espalda. En mi caso, sé como soy. Llegados a estas alturas, creo que me conozco bastante bien a mi misma. Conozco mis defectos y alguna de mis virtudes pero, sobretodo, he aprendido a tener espíritu crítico, a no dejarme llevar por lo que dicen los demás y, por supuesto, a no hacer caso a los cantos de sirena que, de cuando en cuando, llegan a mis oídos.

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Mi blog y mi red social no son al uso. Quizá yo tampoco sea una mujer al uso. Quizá le dé importancia a cosas que la gran parte de la sociedad no le otorga y por eso, en multitud de ocasiones, tengo la sensación de vivir a contracorriente. Pero no me importa. Ser así me convierte en una persona libre e independiente, con un criterio serio y sincero sobre las cosas que digo y como las digo, sin pagos previos a nada y siempre tratando de tener una actitud positiva ante las personas y las cosas que me rodean, aunque haya veces que no comprenda en absoluto lo que sucede y me pregunte qué es lo que hago aquí. Por eso, tanto mi blog como mis redes las defino como “lifestyle“, es decir, capaces de aglutinar un montón de conceptos en los que estoy interesada que, de otra forma no tendrían sentido. Me gusta la moda pero me aburre sólo hablar de moda, de igual forma me ocurre con la belleza o la decoración o la gastronomía o los viajes o cualquier tipo de reflexión, porque entiendo la vida -mi vida- como una especie de aparador enorme en el que poco a poco las cosas van encontrando un orden, su propio orden, y así un lápiz de labios no tiene por qué entrar en conflicto con un libro o un plato delicioso colisionar con un vestido o unos zapatos estupendos.

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La vida son miles de momentos. Algunos de ellos son compartidos, otros, en cambio, ya sea por obligación o por gusto personal, decidimos vivirlos en soledad y es ahí, justo en esa concatenación de instantes en el que este proyecto toma sentido…. Ideé “Un Momento Para Mi” como ese segundo en el que detenerse y disfrutar…. y dejarse llevar por un paisaje, por una frase, por un libro, por un recuerdo, por un aroma… por todas esas cosas que conforman aquéllo que somos y que son intrínsecamente inseparables de nosotros, la parte más esencial de nosotros mismos, nuestro núcleo, aquéllo que sólo nosotros mismos y quiénes están más ligados a nosotros, conocen.

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Y eso es lo que, a lo largo de una travesía de meses, se ha venido conmigo para re-comenzar… y mejorar. Estar de vuelta es sinónimo de vértigo pero también de mucha ilusión y de ganas, muchas ganas, por volver a poner todo este mecanismo en circulación, con grandes dosis de prudencia y de humildad. Hablaré de todo y trataré todos los temas que puedan ser interesantes, abarcando diferentes categorías pero siempre con un mismo punto de vista que no se aleje de la línea básica de aquéllo en lo que siempre he creído.

Espero que esta “muda de piel” os guste y os estimule pero sobretodo que os sintáis parte de ella como a mí siempre me habéis hecho sentir parte de vuestra vida.

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Gracias por tanto cariño a lo largo de todo este tiempo. Sin lugar a dudas, tengo los mejores seguidores que nunca me imaginé tener.

3, 2, 1….. ¡Comenzamos!

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4 Comentarios

  • Reply almudena 28 noviembre, 2017 at 12:23 pm

    Hola isabel!!
    Me encanta como escribes el post y todo en sí es precioso,tienes mucha maña para ello. Me encanta que vuelvas al blog!!1 :)
    un abrazo!!!

  • Reply Maria 28 noviembre, 2017 at 3:52 pm

    Un placer enorme volver a leerte en textos más largos y pausados. Eres transparente y en esa transparencia se ve: verdad, sensibilidad y una personalidad muy especial. Consigues realmente crear un rinconcito con una atmósfera cálida, acogedora y elegante.
    Por supuesto, completamente de acuerdo con tu visión del momento actual que estamos viviendo y tu opinión de las redes sociales, tanto… que yo llevo sin escribir desde Abril porque no termino de encontrarme cómoda ni saber si quiero estar presente en ellas o no.

    Perfecto salto desde el trampolín!! Gracias por seguir escribiendo Isabel!

    Perfecto

  • Reply Clelia 28 noviembre, 2017 at 4:03 pm

    Ojalá 🤞 sigas con tus sabias palabras día a día como Nos tenias acostumbradas antes. Tienes lectoras en todo el mundo 🌍 yo te sigo desde los EEUU 🇺🇸 Washington DC.

  • Reply Teresa 29 noviembre, 2017 at 7:06 am

    Muy bien ducho todo guapa!

  • Responder a Teresa Cancelar Respuesta